El sismo de magnitud 7,4 del pasado 10 de agosto dejó un rastro de destrucción que golpeó de frente a la educación en el occidente del país. Aldeas Infantiles SOS advirtió que los menores son las víctimas silenciosas de una crisis que, además, se quedó sin plata internacional.
El sismo de magnitud 7,4 con epicentro en San José del Palmar (Chocó), ocurrido el 10 de agosto de 2026, sacudió a 15 departamentos y dejó un saldo que todavía duele: más de 300 fallecidos, 31.000 viviendas destruidas y 153.000 personas damnificadas.
Pero detrás de los escombros hay una crisis silenciosa. Según las autoridades, cerca de 3.000 instituciones educativas resultaron afectadas, dejando a miles de pelados sin clases y expuestos a los riesgos de la emergencia.
La alerta se encendió el 19 de agosto durante un foro nacional organizado por Aldeas Infantiles SOS. En el encuentro, Unicef soltó un dato que complica el panorama: durante el último año, los recursos internacionales destinados a la acción humanitaria en Colombia cayeron entre un 30 % y un 40 %.
«Cuando una comunidad se desplaza o queda confinada, quienes pagan el costo más alto son los niños y las niñas. Pierden acceso a la educación, su rutina, servicios de salud y, en muchos casos, a sus entornos de protección», afirmó Esteban Reyes, director nacional de Aldeas Infantiles SOS Colombia, según citó Las2orillas.
El riesgo no es nuevo. La Defensoría del Pueblo recordó en el mismo espacio que, entre enero de 2025 y mediados de 2026, ya se habían emitido 35 alertas tempranas por situaciones de reclutamiento y uso de menores en el país.
Lo que viene
Para que la discusión no se quede en los escritorios, Aldeas Infantiles SOS anunció que publicará un decálogo con las conclusiones del foro. El documento entregará diez recomendaciones estratégicas para que las instituciones sepan cómo actuar y proteger a la niñez antes, durante y después de la próxima emergencia.
Con información de Las2orillas.






